El cerebro en actividad baja, frente al fuego. Bajando revoluciones ayudada por las finas hierbas se me inflaman las ideas que estaban ahí guardadas. Silencio de intoxicación. Cuando por mirar las horas pasan y los ojos hablan más de lo usual.
Crepitan las brasas, el olor de la carne inunda el patio, recuerdos y acuerdos. Las caras usuales, los niños que gritan y dan vueltas por el comedor y la cocina. Eran 2 ahora son tres, se esperan dos más que estan encargados, los otros todavía no se pronuncian. Ahora se rien y hablan en su propio idioma dejandonos afuera e inventando algo misterioso.
El silencio sigue en mi cabeza, sólo me preocupo de mirar los gestos. Una serie de movimientos, una serie de actitudes que se conocen por los años de circo. Las manos pesadas sujetan el vaso lleno de cerveza helada, para volcarse un rato en una situación esperada.
La sensación es muy larga y contenida, la tranquilidad alcanzada es tal que siento que podría dejarme caer en la cama y descansar las angustias acumuladas. Paseando de adentro hacia afuera, recorro los rincones de una casa ajena y tibia. Quisiera ayudar a dispersar en este momento los miedos ajenos, entregar una especie de bendición que aleje las dudas.
Ahí entre asados y hierbas medicinales, me quedo dando vuelta en mi propia nube de humo. Esto de ver los procesos de algunos deja en vilo los mios que no se arman y se quedan a medio camino. Es tiempo de retirarse un poco de ahi.
domingo, septiembre 16, 2007
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