Me senté en el patio a fumarme un cigarrito. Empecé a acordarme como era esto cuando era niña, con el desorden, la leña amontonada, la rancha polvorienta, los gatos que iban y venían por temporadas, el parrón de uvas minusculas. Era otro mundo, ahora está todo ordenado, el pasto hasta donde debe estar, la bodega es bodega, no hay leña porque hay caldera, hay un árbol inmenso (que yo planté). Creo que siempre me sentí a gusto en esta parte de mi casa, será porque se aisla de todo, no se escucha la calle, los árboles esconden el horizonte, me hundo en mi espacio. Me quedo sola acá, por un ratito, para desconectarme de las realidades paralelas. Del momento singular, una sola cosa me da vueltas.
Mi padre está en un hospital sólo, eso me angustia mucho en este momento, me angustia pensar que está aburrido entre medio de gente que no conoce, que no sabe bien hasta cuando se queda ahí, que se siente bien pero sabe que está mal. Todo eso en un lugar que no es su refugio. Como es que uno siempre termina preguntandose ¿por qué pasan estas cosas?, deben ser procesos evolutivos.
Me encontré con un tipo en el ascensor que me preguntó si mi padre estaba en paz con Dios. ¿Cómo me pregunta eso a mi? Creo que le respondí que si, claro, que más le iba a decir. Si eso es una cosa demasiado personal como para ventilarla en un lugar tan público. Estar en paz con el mundo diría yo, estar en paz con uno mismo, estar orgulloso de lo vivido y lo no vivido, por ahí va la cosa. Quiero pensar que es así, que la paz la está encontrando ahora, que nos ve a todos parados en frente de su cama, dando ordenes y recogiendo saludos de todos los que se acuerdan de él en este minuto (que han sido horas, meses, años), mirando a los enanos que le mandan saludos grabados, dandole la mano a mi vieja que se desvive por él. En fin, creo que eso es estar en paz con el mundo. Definitivamente.
Van a pasar estas horas, probablemente vengan más así. De angustia, de insertidumbre. De sentarse en el patio a las 12 de la noche mirando lo que no está y lo que va quedando despues de los reacomodos.
1 comentario:
A la paz me la imagino de pelo largo, descalza, con una mirada ancha, de horizonte.
El mirar es fundamental en la paz, pareciera que en sus ojos está el mundo entero, abarcando todo con la actitud de una mañana de domingo o de una playa en invierno.
Estando junto a ella, toda prisa, afán y ansiedad desaparecen, quedando sólo el instante. Es que la paz habita ese lapso, vive en un paréntesis arbolado, habitado por el viento, por el crujir de cada rama, de toda brizna acurrucada.
Y es que la paz yace entre la hierba, descansa sobre el suelo soleado. No corres hacia ella, pues nadie sabe donde está, simplemente te la encuentras descalza de repente, estando sin pasar, con su ancho mirar de horizonte y su pelo largo entretejido por el viento.
Me gusta la paz.
(Quise comentar y me salio casi un post. Que estes bien, come duraznos y tire pa'rriba).
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