Ya no ruedo últimamente, estoy más bien avisagrada (¿existe esa palabra?), me abro me cierro siempre en el mismo lugar. A veces rechino, otras veces soy más bien un silencioso portazo. Estoy más gritona que nunca, de hecho encontré un intimidante tono de voz, propio de una madre superada. Los días se pasan entre papeles, planos, pantallas, auto, mañas y un par de pisco sour necesarios para llevar a cabo la labor de madre. Digamos lo así, no es tan fácil hacerse la liberada, cuesta, cansa y nadie te da la palmada por la espalda. Más bien te dejan claro que es parte de lo que se quiso. Hay días que quisiera ser una mantenida, con manicure y un perro fifi, con el pedicure hecho para el verano y una figura propia de un estilo de vida de gimnasio y spa. Pero la realidad es diferente, tengo un perro enorme prestado-refugiado en casa, un trabajo que me gusta pero me agota, un hijo que adoro pero que me agota, un marido-niño-ñoño que me ama y pero que no está en esos días que el cielo se cae. Bien, del manicure y el pedicure ni hablar, perdí el glamour de los pies hace 4 años, las manos se me resecan y las uñas están en unos dedos poco elegantes producto del constante mordisqueo nervioso neurótico. El tema de la figura, bueno el sour engorda.
Tomo vuelo cada lunes, como para poder llegar al viernes sana y salva, los fines de semana... que es un fin de semana??? un cierre, una conclusión... yo la sigo igual, sigue la semana eterna.

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