martes, diciembre 11, 2007

SALIR ENTRAR

El desorden de la vida, nada es claro. Como una paila de huevos, de esos de campo, amarillos y blancos. Sabrosos pero en mezcla de sal y aceite.
No dejé la casa ordenada ni hoy, ni ayer. Salí corriendo a la vida, sin ni siquiera tomar una taza de café. Me fui y abandoné el lugar cerrando la puerta con los dos giros de llave de todos los días, tra!
Llamé al ascensor, con el botón, todavía no le llamo de un grito. Y bajando, mirandome en el espejo me arreglaba la chasquilla que perdió su caracter entre la noche mal dormida y la ducha rápida.
Nada que hacer, aplastandola 14 pisos y seguía en voluntad de diablo.
El día está claro, hay de esas brisas que anuncian verano, sol suave de mañana. Un respiro y salto a mi moto, si mi moto. La roja pequeña que se ha convertido en mi compañera anarca de los ultimos días.
Me hace despertar más estar asi, recorriendo sin cinturon de seguridad. Me hace ser más consciente de mi entorno, de las distancias, de los ruidos, del olor que recorre las calles, de la gente que se detiene al lado, del miedo de una micro que se viene encima.
No se parar estos días, tengo un intenso sentimiento de vacío. De haber dejado algo tirado pero sin saber que es, ¿algo de dignidad por el camino?
Apurada, ansiosa. El mundo se acaba mañana o pasado, y yo todavía no se por donde se empieza a ordenar la casa. Por la cocina, por el baño, por el dormitorio.
Me dedico a dejar todo tirado, esperando que venga alguien a recoger la cagada que ha quedado, una explosión nuclear de ropa y platos, el escritorio que no se arma, el colchon que no puedo devolver, la cama revuelta. Sólo que no hay nadie, silencio que se esfuma con el grito de ACDC en la alarma de mi despertador y que denuevo me dice que hay que peinar la chasquilla y bajar los 14 pisos hasta la moto que me despierta y me conecta con el aire.

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