Era de comidas que hablabamos, de tragos tambien. Eso de las delicias que nos salvan de los sabores magros.
La ilusión del plato sabroso en la mesa. Humeante instante. Con aromas perfectos y que atraen la mente.
Doradas papas de ayer, entre los pedazos de un trozo de carne jugoso. Instante de ensalada colorida, cebolla a la pluma saltada de lunares verdes.
Sólido instante a poseer, dedicado al sabor.
Deja que me acuerde más y sabores de dulce pie aparecen, con el limón ácido que se mezcla con el merenge dulce y empalagozo. Dulce de invierno helado, de la tarde gris, de lluvia intensa.
No hay una vida sin recordar, desde el olor hasta el sabor. En el refrigerio de media tarde, jugos de fruta de temporada. Frambuezas rojas, manzanas verdes.
Al final no es más que una imagen, la foto del plato y la acción agregada. Nada de gulas, nada de gourmet, nada de ataques ansiosos.
"Comida Recuerdo" en un papel de regalo, a pedido y a su gusto.
Allá en el sur comí papas rellenas con ají y azucar, allá en el norte una granada jugosa y misteriosa.
Dejé así escrito en el libro "papas rellenas de Cucao, de ningún otro lado igual..."
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