Recostarse en el costado derecho, recostarse en el lado izquierdo. De vuelta y vuelta. Entrar entrar en esto para dejar mi mente en paz. Da lo mismo, el derecho o el izquierdo, la pierna estirada o recogida. La luz encendida sin filtro o apagada con la habitación en absoluta oscuridad.
Rondando en silencio por los dimes y dirites de las palabras habladas, del consumo de cafeina del día, de las promesas de cambio, de la soledad en los ojos, del pastel de choclo congelado y sin azucar, la patente a punto de vencer, entre medio... los dientes apretados, inconscientemente. La mandibula contenida.
A la derecha, me duele la muñeca, giro. De espalda, el techo con sus nudos y figuras, con los ojos abiertos les busco forma. Como la nubes de niños. El zorro... no, una avestruz con su cuello enorme que se pierde en la viga. Otra vuelta. El telefono enfrente, brillando, cargandose. Lo tiro al suelo para no prestarle más atención.
A la izquierda, me escucho el pulso.
Otra vez, las imagenes. Un día eso se hará posible, pienso mientras cuento pasos imaginarios.
Por fin, me hundo en mis almohadones. Retardo el oido. Retardo el ruido de la lluvia en el zinc. Un rumor a lo lejos, viento y sepa Dios que más. Ya perdiendo el sentido... en el izquierdo.
Rondando en silencio por los dimes y dirites de las palabras habladas, del consumo de cafeina del día, de las promesas de cambio, de la soledad en los ojos, del pastel de choclo congelado y sin azucar, la patente a punto de vencer, entre medio... los dientes apretados, inconscientemente. La mandibula contenida.
A la derecha, me duele la muñeca, giro. De espalda, el techo con sus nudos y figuras, con los ojos abiertos les busco forma. Como la nubes de niños. El zorro... no, una avestruz con su cuello enorme que se pierde en la viga. Otra vuelta. El telefono enfrente, brillando, cargandose. Lo tiro al suelo para no prestarle más atención.
A la izquierda, me escucho el pulso.
Otra vez, las imagenes. Un día eso se hará posible, pienso mientras cuento pasos imaginarios.
Por fin, me hundo en mis almohadones. Retardo el oido. Retardo el ruido de la lluvia en el zinc. Un rumor a lo lejos, viento y sepa Dios que más. Ya perdiendo el sentido... en el izquierdo.
1 comentario:
Siempre supe que estabas dormida, aunque por otro lado, no se si serian pesadillas o sueños de algodón.
Pao, siento haberte despertado jejeje.
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