La fortaleza es una caracteristica propia de las crisis. Se es fuerte o no frente a la crisis.
Aunque se espera que uno resista aunque le duela el alma, se llega siempre al punto de inflexión, ahí donde ya no se puede sonreir, donde la cara se descompone y parece estar en una especie de sueño interminable.
Y aunque a uno le digan y le digan, que la vida no carece de situaciones de desesperación, cada estado es uno y se acumula cuando no se es capaz de estallar en el momento exacto.
Dolores, pérdidas, descepciones, enfermedades, stress, rabias, desamores, todos juntandose en una mezcla poco deseable, ebulliendo a mil en la cabeza. Esperando ahora, la salida.
Así es como la fortaleza tiene sus límites, se justifica la existencia de los sicoanalistas. Alguien que se lleve rápido el suspiro de la última pena, alguien que la encierre en una botella amarilla y la tire al mar azul.
Me declaro incompetente algunos días, es dificil dominar la fortaleza. Concentración, enfoque en bienes mayores. Casi una disciplina oriental, descubrir la manera de mantener la estructura mental para no dejar aflorar la emocional, que no tiene patas ni cabezas y termina por ser una especie de yo hipersencible.
Me reinterpretaré, para dejar de pensar en las cosas que no son y si en las que son de verdad, los él, las y ellos, deberían ser capaces de desaparecer con los borrones del sueño. Mañana despierto y me olvido, vuelta nueva y escribo otra vez.
jueves, mayo 10, 2007
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