miércoles, enero 17, 2007

Santiago a 30

Santiago 30º, calor, gente, polvo, autos. Me arrepiento de estos recorridos cuando la gota se derrama por mi frente, caminar, caminar y caminar. Mejor busco sombra.
Unas parejas en el metro, nada en particular, con los oidos enfundados en mis audifonos, los veo mover los labios y reirse. Me quedo mirando como voyerista, pasan las estaciones y siguen sentados ahí. El aire tibio y rancio del tunel se cala en las ventanas abiertas del vagón. Sigue la música de fondo, rápida como las luces que marcan las ventilas hacia el mundo exterior. Falta mucho parece, me pierdo a veces. Atención, viene la conexión con la otra linea, mejor me quedo atenta al gentío que está por subirse al vagón. No quiero perder el puesto por alguna vieja o una mujer que me haga sentir culpable.
Sigo envuelta en la burbuja y ellos siguen ahí, pero ahora ellos son los que se empiezan a fijar en mi.
Vuelco la vista, ¿ donde está el libro ? lo busco en la cartera pero no está.
¿Será tan evidente mi estado de desconexión?
Pretendo insentivarme leyendo la publicidad de los institutos que ofrecen el cielo y la tierra, justo ahora que casi todos andan buscando por lo menos el cielo, pienso.
Falta una estación, casi llego. Creo, que llego. Me despego de mi asiento, me instalo en la puerta para escapar. Me miro, con algo de coquetería, en el vidrio de la puerta. Hay que salir más decentes a la calle la próxima vez.
Entre que me atrapa la multitud y entre que me equivoqué otra vez en esto de vereda sur y vereda norte, me quedé en la acera contraria. El calor se vuelve algo ardiente a esta hora, la vereda irradia y las micros monstruosas me pasan por al lado y alteran el sonido de la música. Camino y camino otra vez, tengo que llegar por allá. He pensado mucho, no he podido parar. La música me hace tomar un ritmo de caminata y me voy casi como zombi entre la gente empaquetada y sudorosa. Ejecutivos, pienso, mientras los miro a los ojos como tratando de establecer contacto de algún tipo, pero van demasiado metidos en sus telefonos celulares, en sus zapatos muy muy brillantes y corbatas llamativas, casi un American Psico, pero mejor un Santiago Psico.
Parece que el trayecto es largo, más largo de lo esperado. Para tener mejor perspectiva me detengo un rato, abro una botella de agua y respiro profundo el aire que me queda alrededor.

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