viernes, noviembre 24, 2006

auto data

Las rápidas calles parecieron detenerse, un silencio absoluto, un trueno blanco lo inunda todo. No veo más alla de mi nariz a pesar de tener el balcón abierto al infinito. Él dormía en el fondo, atras donde el dormitorio se hacía confortable. Mientras más rato pasaba, más conexión con las paredes alcancé. El diario abierto en las páginas centrales. El café humeante debía entregar lucidez.
Me fui apagando, me fui dejando caer en el sueño del relajo. Más tarde sería una estación de la vida, un momento que debería haber dejado pasar y no haberlo tomado. De ahi que la vida se hace distinta. Reinventar, reingeniar.
En medio de una mezcla temporal, al borde en cada instante. Cuesta distinguir otra vez que uno es víctima de sus propios crimenes. Cuando las calles vuelvan a su velocidad y este trueno blanco desaparezca, me tomaré otro café, leere otro diario.
A veces debe uno despedirse de las cosas, de la gente. Se despide no porque se vaya a ir, sino porque es necesario encerrarse en el silencio de las propias paredes, no de las prestadas. Será que al final es mejor estar completamente seguro de quien se es para poder retroceder ante lo que no conocemos.
Un manifiesto permanente, algo de lo que nunca se debe olvidar el espíritu, el mejor refugio es uno mismo. Shh... silencio, se debe dormir para recuperar las fuerzas, cerrar los ojos y sólo escuchar como vibran las nubes.

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