BOLSO DE VIAJE
Se va y se vuelve de viajes memorables. Las experiencias son en cada uno la riqueza de la vida, una historia nueva que contar o una sonrisa que sale de los labios sin aviso. Tal vez lo mejor es viajar sin expectativas, con mochila en el hombro, sin secador de pelo y con una toalla minuscula. Claro, quedarse por ahi en algun lugar que se valla conociendo cada mañana al tomar desayuno en una cocina, no en un comedor servido. La marraqueta y el té bien Supremo en la mesa. No, sin expectativas es mejor. Lo que dice Mena "el limite entre lo conocido y lo desconocido es fatalmente atractivo" un hotel que es más casa que hotel, donde en la noche algunos despistados deciden comerse lo que alguien dejó preparado en la olla azul. En donde las carreras no son de pieza en pieza sino que son parte de las idas y venidas al baño común. Ese es el lugar de hospedaje, la nave nodriza por una semana. Con olores y colores nuevos, definitivamente nuevos.
Y mirando las caras de cada uno en las mañana sólo me provoca un estado de autocomplacencia, verlos vivir lo que yo he vivido varias veces es una sensacion exquisita. Cuando el mundo se descubre, ante los ojos es una especie de revelación milagrosa, núnca se debe subestimar la propia vivencia, siempre aunque sea el último momento aparece una imagen que se queda pegada para siempre en la retina del observador. Arriba, bien arriba, no tanto, abajo en el borde. La locación es el detalle que nos mueve. Ubicación, tiempo, estado. La vida es vida mientras algo esté por emerger. Constante estado de descubrimiento, constante estado de vigilia.
En el minuto del retorno, el bolso viene más lleno de lo que se fue, recuerdillos varios, regalos para el novio, los abuelos, los hermanos, los padres, los amigos que no se pueden olvidar. Recuerdos de papel, de cartón, de vidrio, de agua, de arena, de cera, de barro. Todos dispuestos en el orden necesario para ser entregados en la más perfectas condiciones. Sin arrugas, a menos que las queramos en ellos.
De ahi las ganas de seguir de viaje. Uno no es ninguno, el viajero núnca muere. Incluso cuando el dinero está en peligro y los amigos están a punto de botarte de su lado.
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