martes, febrero 07, 2006

de angeles que no son, de demonios que no existen (III)

el purgatorio
Nada peor que tener la historia a medias, con un inicio luminoso y un final perdido en medio de tinieblas antagónicas.
Rondando como alma en pena, el guerrero se quedó para siempre en un lugar oscuro, rogando por la señal de salida. El puente, el precipicio, la puerta, la pared, un fin, una sólida razón por la que detener el paso. En cambio, perdido en la niebla sólo puede imaginar que está más alla, adivinando sus pasos para no caer, para poder encontrar el camino seguro que tenía antes de batallar, antes de perderse en el dolor del golpe.
El inaceptable desconcierto se cierne sobre la cabeza, núnca dudó tanto de sus fines, núnca se dejó caer por las verdades, más debió detenerse ante el silencio.

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