El enfrentamiento.
Intensidad vana, duradera emoción, rubor de tibieza, dones de la inocencia.
En la destreza del ataque a campo abierto, guerreros de la incendiada ciudad del cielo arrazan con la honestidad de los incautos. Angeles caidos, expulsados de la gloria desparraman sus putridos odios a los oídos de los exploradores del nuevo mundo, como sigilosas brisas purificadoras esconden las palabras que se quieren oir cuando se está perdido. Rondando en la sombra como espectros de luz, el engaño se refleja en sus rostros en una mueca de disgusto. Nervioso el espectro angelical, ya no es capaz de retener las riendas de la situación y destruye las evidencias de la pureza.
En las alas, protegidos, duermen los brillantes, los forjados en la pena del descubrimiento de la realidad del mundo afectado por los espectros. El ruido de las espadas ahora no cesa, el brillante metal deja escapar la chispas del impacto, explotan los halos de gas que las rodean, una imagen mil veces repetidas, mil veces admirada, mil veces temida. No hay escape del enfrentamiento, los ojos bien abiertos y el alma expuesta, es la única manera de ver la realidad, de ver los que están dentro de la luz de su propia verdad y no engañados por las dulces palabras escupidas. El veneno derramado en el oído mientras se sueña con la mañana siguiente.
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